17.10.10

Han pasado quince días y no he vuelto a saber nada de él. Le veo de vez en cuando en los recreos, pero no dice nada. Yo lo busco con la mirada en la muchedumbre para descifrar algún indicio de su estado. Su final llegó tan de pronto, que ni el resto de nosotros lo pudo predecir; siquiera él. Pero yo lo anhelaba. Lo anhelaba con todas mis fuerzas, y qué egoísta me siento por eso. Sin embargo, su infelicidad no me hace feliz. Duele, duele tanto. Y él sabe también cuánto duele. Su corazón está pagando con su propia sangre el haber creado una ilusión en mí y después destruirla sin piedad.

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