29.11.10
Presencia.
La noche comenzaba a acercarse, y yo aún caminaba por el frondoso bosque de aquél pueblo que tanto me había llamado la atención. No sabía donde me dirigía, sólo dejaba que mis pies me guiaran donde estos quisieran. El invierno poco a poco se hacía notar con más fuerza, mientras yo sentía cada centímetro de mi cuerpo temblar. Debí haberle hecho caso a mi mamá cuando dijo que me abrigara. No hubiera sufrido las consecuencias que me trajo el querer ser rebelde. Tuve que aguantar hasta llegar al pueblito, que cada vez se hacía más lejano. Di unos cuantos pasos más hasta que, por fin, logré ver una pequeña luz. Me dirigí hacia allá, pero, misteriosamente, aquella luz había desaparecido. Comenzó a desesperarme el hecho de creer haberme perdido. Me aterrorizaba saber que no volvería a ver a mi familia, amigos y todos los demás. Era una sensación realmente deprimente y espeluznante. Estaba sumida en mis depresivos pensamientos cuando sentí que alguien me tocaba el hombro. Debido al susto que esto me provocó, comencé a gritar como desquiciada. Giré sobre mi misma lentamente, y quedé atónita al ver lo que se encontraba frente a mí.
Etiquetas:
Cony escribiendo
Desde su casa en
Santiago, Región Metropolitana, Chile
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Sabes, aveces aunque estemos sumido en lo mas oscuro de un bosque,acantilado,precipicios o pensamientos mismo,siempre,pero siempre, habrá quien te toque el hombro para salir de ahí,y claro en un principio nos asustamos por que no sabemos cuales son sus intensiones,pero quizás,solo quizás es el/ella el/la indicada.Te quiero Bonita.
ResponderEliminar